sábado, 19 de julio de 2008
Agosto 2005 - En el recoveco
Me levanto a la mañana unos 20 minutos antes de entrar a trabajar, ya que el lugar en cuestión me queda a sólo 4 cuadras. Me siento en la cama, algo aturdida, bastante. No, faltan más de 20 minutos, pienso. Estoy temblando, tengo miedo y quiero llorar, pero ya estoy llorando. Hace un tiempo había hablado con mi mamá y le propuse mi emancipación económica completa, pero la reaparición de los ataques de pánico y toda la mierda que eso conlleva, más la inminente depresión, hicieron que mi animosidad de independencia se viera obstaculizada. No contaba con tener que pagar medicamentos y tratamiento. Me da miedo despertarme, a veces. Genero un sentimiento de vacío tan grande que me desespero y neutralizo. Tengo miedo. No siempre el abrazo de Juan me calma. Me siento sola contra el maremoto. No es un momento fácil. Hay muchas cosas que no entiendo, y mucha gente que no entiendo. Me agoto mentalmente. Me quemo la cabeza todo el día todo el día -paro- y otra vez. La habitación es vacía, pongo sobre todo el dedo en alto para acariciar el pespunte. Me agoto de decir ésto, de decírmelo a mí, tal vez, no sé. No quiero que me salven, pero no puedo sola, y me da tanto miedo. O sí, sí puedo sola, pero tengo miedo. Mi corazón es un alfiletero. Perdón. Gracias. Perdón. Perdón, hermosa. ¿Qué te haces, hermosa? ¿Y por qué?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario